El primer año de Manuel fue fatal. Es mas, creo que después de 9 años creo que todavía no me recupero.
-Dolores este chico llora porque tiene hambre.-
-¿Te pusiste la crema de caléndula?-
-El chupete tiene que ser de silicona, si no no lo agarra.-
-Dejalo llorar hasta que se duerma. Es la única manera de que no te “tome el tiempo”.-
-¿Andador? Vade retro. ¿Estas loca?
Y así. Todo un año creyéndome inútil, insegura, tonta. Y la voz de mamá taladrándome todos los días, puntualmente, cada 2 horas.
Juan embelesado con ese cachorro llorón que lo enamoró desde el minuto cero. Y yo en el medio de un tsunami.
Pero claro, todo puede ser mas complicado aun.
El día que finalmente me cerró el jean. Ese día, el que me saque el jogging con restos de calabaza y zanahoria, me peine, pude bañarme, depilarme y hasta maquillarme. Ese día, exactamente un año después de sentir que paria un piano de cola, ese día: volví a quedar embarazada.
Por supuesto, nueve meses después arribo a estas tierras Catalina. Una beba rozada que vino a redimir a su hermano y que había que despertar para que tomara la teta.
En ese momento me reconcilie con la vida.